martes, 23 de enero de 2007




Kotodama




Por toda la hermosura
Nunca yo me perderé
Sino por un no sé qué
Que alcanza por ventura.

Manuscrito de Jaén, San Juan de la Cruz.





Soy sólo la trompeta de mi señor, les dije
Y hendí la niebla coagulada en el lunaje.
Hincado aguardé tu flujo celestial y la eternidad.
Vengo desnudo, me traigo a mi mismo, refulgo en tu voz.
¡Oh lengua! Para pedir compasión y rugir la verdad.
Señor, no soy el sol que tu mandaste a diseñar
En el verbo amargo y la plomada imperfecta.
Una hebra de tu traje, un rictus de tu sello,
Merezco el turgente perdón y más noche a mi fe.
Apenas tu voluntad hágase para vivir a ti, repetí.
Señor, sálvese el truhán y su hedor a cuatrogatos.
Soy su hijo, les dije, aunque ya no lo parezca.


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